Akelarre

PRÓLOGO

Pocas personas son capaces de apreciar el poder que emana de una fecha como Samhain, festividad de origen pagano y año nuevo celta, incluso siendo una de las fechas más mágicas del año. Aunque era normal en un lugar tan pequeño como lo era Galia, un pueblo costero al norte de Galicia. Pero lo cierto es que la magia ancestral de ese día se podía palpar en cada rincón del lugar.

Lejos de ignorar esta popular fiesta conocida como Halloween, tres jóvenes observaban expectantes la claridad de la luna reflejándose en el mar. Disfrutaban de la paz que les ofrecía una de las playas más apartadas del pueblo, a la que solían ir muy a menudo.

Silvana, la mayor de los tres, era la típica tauro: perseverante, paciente y muy amiga de sus amigos. Su media melena negra con flequillo recto, ocultaban casi en su totalidad su cara y su afilada mirada felina de ojos verdes, que destacaban más de lo normal gracias a su tono moreno de piel.

Valentina, aunque todos la llamaban Valen, era la mediana. Como buena Libra era muy extrovertida, aunque increíblemente indecisa, eso explicaba que su color de pelo cambiase tantas veces de color. Su larga melena color caoba, al menos este mes, resaltaba sus ojos color miel, que se dejaban ver a través de sus gafas de pasta negras, algo que le favorecía mucho.

Y por último Ares, el pequeño de las tres. Un Escorpio honesto, abierto y el sarcasmo en persona. Dispuesto siempre a sacar a cualquiera de sus casillas con su sarcasmo, sus contradicciones y su afilada intuición. Su pelo rubio y ondulado cubría parte de su aniñada cara. Sus enormes ojos azules eran tan penetrantes y profundos como el mismísimo océano.

Las tres amigas tenían una curiosa historia. Galia no era un pueblo muy grande, por lo que se conocían desde que eran unas niñas. Compañeras de clase durante años, sus caminos se habían separado hasta que el año pasado, por diferentes motivos, volvieron a juntarse para siempre.

Valen, tras el divorcio de sus padres, se fue a vivir con su padre a otra ciudad, debido a que su madre trabajaba mucho y apenas estaba en casa. Dos años viviendo con él fueron suficientes para darse cuenta de que su madre había estado casada con una persona increíblemente machista. Con quince años, lo suficiente mayor para cuidar de sí misma, volvió a Galia a vivir con su madre y su pareja, convertida en una feminista convencida y una estupenda cocinera.

Silvana dejó de asistir a las clases por un tiempo debido a sus continuas visitas a médicos especialistas, tratando en vano de que alguno se decidiese a operar una malformación en sus labios y su nariz. Como era algo con lo que había nacido, todos los médicos habían pospuesto una y otra vez la operación. Con diecisiete años, Silvana había perdido toda esperanza de sentirse normal y empezaba a aceptar que tal vez en su destino estaba escrito ser distinta a los demás.

Ares, por su parte, se había juntado con algunas malas compañías cuando Silvana y Valen dejaron el colegio. Tras múltiples faltas de asistencia a clase y varias advertencias por parte de la dirección del colegio por fumar en el recinto escolar, fue expulsado y tuvo que hacer el último curso de secundaria en el pueblo de al lado.

Pero todo cambió el curso pasado. Las tres volvieron a coincidir en el instituto de Galia, en la misma clase, como si fuese su destino juntarse de nuevo. El mismo día que se encontraron en los pasillos del instituto, pasaron toda la tarde juntas para ponerse al día de los dos últimos años que habían estado sin contacto. No fue hasta unos días más tarde cuando descubrieron su afición común por la brujería.

Decidieron empezar un pequeño grupo de estudio sobre paganismo y Wicca. Casi todos los fines de semana se reunían para hablar de magia, estudiar rituales, echar las cartas de Tarot y hasta hacer sus propios hechizos.

Y toda esta historia llevaba al día de hoy. Silvana, Ares y Valen habían escogido la fiesta de final del verano, final del año pagano y comienzo de un nuevo ciclo, para celebrar el rito más importante en sus vidas: su Iniciación. La Iniciación es para un pagano lo que el bautismo para un cristiano. El principio de todo, un rito de pasaje como es el nacimiento o la muerte.

Tras tardes de estudio durante más de un año, por fin había llegado la noche en la que renacerían como brujas recibiendo a la Diosa y al Dios en sus vidas.

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