Polarización Social Post Covid-19

Permitidme que me empiece disculpando de antemano, por si alguien con los privilegios sin revisar se le ocurre leer esto. Ya sé que tenéis la piel muy fina para lo que pasa fuera de vuestras fronteras imaginarias, porque lo que pasa en casa supongo que se queda en casa. A veces me pregunto dónde han ido los valores humanos, el sentimiento de comunidad, la empatía por el dolor ajeno. ¿Dónde queda todo esto dentro del sistema? Tal vez nos lo imaginemos a las afueras, porque decir que está más allá de los límites, sería reconocer un privilegio al que ni siquiera damos importancia.

Que el mundo está patas para arriba, es la frase del 2020. Desde la proclamación de la pandemia mundial, todo ha sido una cadena de acontecimientos que han ido llegando para darnos en toda la cara. Pondré un ejemplo de la actualidad estadounidense, donde la situación ha llegado a ser insostenible. La comunidad negra lleva años aguantando abusos policiales y en los últimos años, con las nuevas tecnologías y que con internet podamos ser conscientes, están dejando claro que la covid no es el único virus con el que lidiamos. Literalmente el asesinado de Lloyd a manos de un policía, ha sido la gota que ha colmado un pozo que llevaba años llenándose de abusos policiales que han quedado impunes. ¿Qué ahora quieres acusarlos de violentos, a los que llevan aguantando el racismo constitucional y sistemático? Violencia es que una persona racializada tenga más difícil acceder a un trabajo. Racismo es que los asesinatos de una comunidad se queden sin investigar y, no nos olvidemos, por los mismos que se supone que nos tienen que proteger.

No nos hace falta irnos tan lejos, en el estado español tenemos el ejemplo perfecto con la comunidad gitana. Que parece que seguimos sobre el mismo discurso que ya daban nuestrxs abuelxs, que si les regalan pisos, que si son felices apartados de la sociedad, que si son violentos… Bueno, siento decir que los gitanos deben de llevar en suelo español unos 600 años, creo que por lo menos son para tener en cuenta. Que está muy bien que podamos hablar de sus violencias patriarcales, pero sin olvidar todas las violencias que también tiene la familia media española. Si queremos puntualizar, vamos a analizarlas desde todos los puntos de vista. Supongo que podrás reconocer la violencia que ejercemos contra la comunidad gitana, tanto si están en “esas afueras” a las que me refería antes, y más aún cuando se mezclan en “tu comunidad”.

¿Quieres más ejemplos? “Porque los marroquíes son muy machistas”, pero el macho ibérico español es súper feminista, supongo. Otro ejemplo claro de virus más literal, es el que ejerció la sociedad contra la comunidad china por “exportar” el virus. Algunos lo llaman racismo, otros, machismo; y muchos prefieren llamarlo ignorancia, que supongo que es más sencillo que intentar explicar todas las violencias que nos atraviesan como sociedad, sobre todo cuando estás en los márgenes de ese sistema.

Qué injusto es el mundo, tan escaso de colores. Donde parece que todo es blanco o negro y las violencias se camuflan en un halo de invisibilidad que está a punto de estallar, que está estallando. Ese absurdo paralelismo (más bien ilusionismo) de que los extremos se tocan, como si ser fascista y antifascista se perdiese en los sinónimos del imaginario colectivo. Donde nosotras somos las radikales, por tener que seguir defendiendo, en pleno s XXI, como minorías oprimidas con las mismas violencias desde que el mundo es mundo. Pero la policía que ha demostrado ser una falange más del sistema opresor, no se les acusa de radicales, ni de violentos. Cuando todas hemos visto la violencia que ejercen contra manifestantes que “no son de bien”, las cloacas montadas junto a un gobierno corrupto y élites varias. O si me dejas ponerte un ejemplo más cercano en el tiempo, el falso informe del 8M, donde se ataca para desprestigiar a el movimiento feminista, una vez más en vez de ir a la raíz del problema. No vaya a ser que echemos mierda sobre nuestro propio tejado.

Mi amiga Irantzu te explica muy bien la equidistancia

La gente va volviendo a las rutinas poco a poco, paseando por la calle comiéndose un helado sin muchas preocupaciones. Como si no hubieran muerto miles de personas en nuestro país, como si no siguieran muriendo más allá de “nuestras fronteras”. Nos vestimos con la mascarilla como si fuese un complemento más y nos lanzamos a ir de tiendas, a las terrazas abarrotadas y nos negamos en muchos casos a la distancia social que tan necesaria es para poder combatir al bicho sin caer de nuevo en los rebrotes. Si esta pandemia no nos hace ser personas más conscientes, ya no sé qué tiene que pasar para la globalización social.

Es entonces cuando me doy cuenta que nada ha cambiado, que seguimos en la misma mierda de siempre, pero con mascarillas a juego que nos luzcan un poco. Adoctrinadas en un sistema de valores con muy pocos valores, que nos parece imposible un cambio sin que se caigan los cimientos de todo. Y qué miedo da poner todo en juicio, hasta la más pequeña incoherencia del capitalismo se nos viene grande de cuestionar. Será porque nos educan desde pequeñas para ser unas borregas que no se preguntan. Preguntas como porqué es tan difícil cambiar al sistema, a pesar de que no beneficie a casi nadie. Preguntas como porqué sigues contribuyendo a hacer girar esa rueda que nos oprime a la gran mayoría y que beneficia a unos pocos. No te haces preguntas porque ya formas parte del engranaje y como pieza no estás programada para hacerte esas preguntas. No te lo ha enseñado nadie en la escuela porque no es posible y, si lo fuera, tampoco nos lo iban a contar.

Parece que como sociedad no hemos entendido nada de lo que ha pasado…

En algún momento, al inicio de esta locura, creí que un cambio global podría ser posible, al menos estar más cerca de lo que habíamos estado nunca como pueblo. Aunque es cierto que las oleadas de solidaridad del pueblo se empezaron a ver por diferentes partes del mundo, el otro lado se alzaba más agresivo y violento que nunca. Pero también espero que estos momentos de odio, la sociedad que sigue dormida, pueda llegar a una conciencia donde ver toda la violencia con la que el sistema y la sociedad ataca al “diferente”. Está muy bien saber cuáles son los motivos de los ricos y poderosos de que esto vuelva a ser sostenible (si es que lo ha sido alguna vez), pero empieza a ubicarte dónde encajas tú. Y tal vez aún más importante sea dónde quieres encajar.

Si vas a malgastar tu tiempo odiando por haber tenido que quedarte en casa, mira bien dónde apuntas. Que el virus “chino” poco que ver tiene con la comunidad china, si quieres odiar cágate en el capitalismo, en la economía, en la corrupción, en las élites que explotan nuestros recursos naturales y son culpables de vivir en una crisis constante, económica y climática.

La ciencia nos ha dejado claro que la covid tiene mucho que ver con la crisis climática en la que llevamos años viviendo. Parece que los que manejan, no les debe importar mucho. China ya vuelve a reflejar los mismos niveles de contaminación pre-virus. Supongo que la humanidad nunca podrá estar por encima de la economía. Tal y como apunta en su documental La Gran Esperanza (que si no lo habéis visto, lo recomiendo) la primatóloga Jane Goodhall, la destrucción a la naturaleza y la falta de respeto al mundo animal son la receta perfecta que ha causado la pandemia. Goodhall apunta también al comercio de animales salvajes o las empresas madereras o el traslado del ganado que se mezcla con otras especies.

Creo que podemos decir que ya no estamos en un simulacro, el tiempo se acaba sino se ha acabado ya. No podemos dejarnos acobardar y es necesario que empecemos a despertar como sociedad. Hemos tenido suficiente y cada vez tenemos menos miedo. Y no tenemos miedo porque cuando todas estemos posicionadas, ellos serán los que menos. Que aunque hagan ruido, su mensaje no es global. La extrema derecha son muy pocos, el problema sigue siendo que muchos están en la élite del privilegio. La pregunta es si la sociedad seguirá manteniendo los privilegios que nunca han pertenecido al pueblo, o si nos defenderemos juntas de este abuso que está presente en todo el mundo.

Este virus parece que ha venido a poner los puntos sobre las íes. Las íes de capitalismo y de los políticos corruptos que anteponen el dinero al pueblo. Pero también a poner las íes sobre el pueblo que permanece callado ante las injusticias, porque los que no lo hacemos estamos más dispuestos que nunca a gritar y a señalar, a endurecer también nuestro discurso para que la sociedad empiece a tomar posición. De eso de trata la polarización social que está sucediendo en diferentes partes del mundo, no creo que sea mala porque nos obligará a elegir un bando y solo hay dos. El que “incluye y reclama justicia” y el que “oprime y excluye”, tan sencillo como eso.

A veces solo es poder plantearte si merece la pena terminar con el planeta, con los animales o con la vida humana. Condenarnos para sostener este mundo capitalista en el que viven muy bien unos pocos y bastante mal el resto. Este mundo capitalista que nos podemos permitir gracias a que la otra mitad está muriendo para poder sostenerlo. A veces pienso que eso es lo que debería pasar a estas alturas de la película, pero luego parece que nunca estamos a la altura. Otra vez por esa fantasía colectiva individualista, del “yo me lo guiso, yo me lo como”, que corrompe y dificulta toda esperanza de que la globalización social llegue a ser la salvación que necesitamos.

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