Caye Borrokas, Mongofachas y Cuerpos de Seguridad del Estado

Hay autores que consiguen emocionarme con sus palabras, a veces solo necesito leer dos frases de Roy Galán para ponerme a llorar. Con las entrañas haciendo remolinos y el corazón latiendo en modo taquicardia emocional. También están las autoras como la Vasallo que, con sus pensamientos y desbarros filosóficos, consiguen removerme toda clase de creencias inexactas que nunca me atrevería a cuestionar. Reflexionando más allá de la lógica que te acerca a la razón, cual torbellino de emociones que te conectan con unas ideas que no sabías que eran posibles.

Vivimos tiempos extraños y, es evidente, que está de sobra que lo diga. Es extraño volver a salir al exterior, con tu mascarilla, aunque solo sea por si acaso. Las calles todavía están muy vacías, la mayor parte de los locales siguen cerrados y la gente parece que no se siente del todo cómoda con esta nueva normalidad que nos está tocando vivir. No les culpo, la vida nos prepara para muchas cosas, pero este virus nos la ha colado sin manual de instrucciones.

Tengo 33 años y estoy agotado, de la absurdez que rodea el sistema y del conjunto de borregos que, no solo no cuestiona, sino que defiende lo que le oprime. Y lo hacemos con consciencia, en el mejor de los casos, otros bajo la ignorancia y algunos con grandes dosis de avaricia y egoísmo patrio del rancio. 

Astronautico

En este simulacro de emergencia nacional, los opuestos chocan en sus luchas. Mientras algunos luchan contra el virus, otro virus se pasea por las calles escoltado por la policía. La falta de solidaridad de lxs caye borrokas la paso por alto, no viven en mi mundo y yo no quiero que se me pegue nada del suyo. Que la preocupación de esta panda de mongofachas, sea marchar cual desfile del orgullo descerebrado pidiendo “libertad” a gritos, es un reflejo de que la derecha nunca se cansa de hacer el ridículo, ni en los peores momentos.

Irantzu Varela hablando de los Caye Borroka

Qué decir de la caja tonta, o de las tontas que salen en la caja. Con sus programas líderes de audiencia y su marido declarando por corrupción, se atreve a comparar el covid con el sida/vih. Que esta especie de periodista con demencia senil de diva, esté dando este mensaje delante de millones de personas, demostrando que su cerebro no está conectado con su boca, supongo que eso es lo que se llama “la magia de la tele”.

¿Cómo puede ser a la vez una de las mejores pagadas y más seguidas siendo tan miserable como su programa? Supongo que Pablo Motos podría contestar a mi pregunta, otra cosa es que me resulte interesante lo que pueda llegar a decirme.

Astronautico

Después de dos meses encerradas en nuestras casas, con la ansiedad constante de no saber. Viendo cómo algunos políticos que están en el congreso, apoyaban estos actos de irresponsabilidad sin parpadear “con to’ su papo”. Que les da igual la vida de la gente, que el dinero no se va a hacer solo. Y no hablemos de las ejemplares actuaciones de la policía, poniendo multas y cargando como en cualquier manifa de renombre. Aunque solo a las personas que portaban alguna pancarta en defensa de la sanidad pública, o multando a las que llevaban banderas antifascistas. Supongo que llevar banderas de España de todo tipo, te da el poder de la invisibilidad para los cuerpos de seguridad del estado.

Y todo esto pasa mientras tú te preocupas por querer volver al trabajo, esto no te da de comer. Solo te quita la vida, pero tampoco lo ves, como el virus. Por eso te preocupa tanto volver al trabajo. Si ahí fuera nos hubieran invadido un país cualquiera, estarías rezando porque “papá Gobierno” te quitase el culo del agujero. 

Somos tan individualistas que ya no sabemos lo que es ver más allá de tus narices. Tan osada es la ignorancia, que nos mantiene con vida. No ver toda la violencia normalizada es parte del éxito, no querer verla ya es parte de nosotras. Vivimos todo el rato en una ansiedad constante que nos atrapa, que no nos deja salir del círculo en el que nacemos. Nacer con un marrón bajo el brazo sería más correcto, aquí el pan te lo tienes que ganar a un coste muy alto. 

Seguimos aletargados, esperando que estalle otra guerra por la misma mierda de siempre. Los intereses económicos de unos pocos, no pueden ser el eje de nuestros razonamientos ni el motivo de nuestra lucha. ¿Cuántas veces vas a tener que leerte el cuento para aprender a leer entre líneas? 

Hay cosas que están mal, muchas de ellas las tienes dentro y piensas que están bien.  Date por perdido si crees que todas tus creencias son mérito tuyo, no somos ni siquiera una pieza de esa gran máquina. Otro mini punto para ellos que te la han vuelto a colar. 

Puede que el virus pase, o que nos acabemos acostumbrando a esta nueva normalidad. Es muy probable que acabes acostumbrada a esa nueva normalidad y que no sea para tanto. Qué es tener que salir a la calle con mascarilla si las tiendas vuelven a estar abiertas, la rueda vuelve a girar y no ha cambiado nada. No ha cambiado nada en ti. Porque si creías que esto nos iba a hacer mejores personas, te invito a comprobar que esto puede que no nos haya matado, pero tampoco nos ha hecho ni más fuertes ni mejores.

Me pregunto hasta cuándo seguiremos no viendo, no compartiendo, no tejiendo redes sólidas; frente a una extraña vida impuesta que, como una droga, nos mantiene enganchados. En la absurdez absoluta de pensar que el (tu) problema, es el vecino que recibe una paguita porque no trabaja, del inmigrante que viene aquí a robarnos el trabajo (esclavo) o el asalariado al que le suben un poco el SMI.

Las consecuencias de los discursos de odio, se ven en noticias como la paliza al músico Javier Cuesta; donde cuatro mamarrachas que participaron en la manifestación de Vox de Granada, asaltaron su casa por tener colgada una bandera republicana. Lo peligroso no es que se crean impunes, es que sabemos que lo son. Se ve cuando la policía multa o detiene a las que defendemos la sanidad pública, pero aplaude a los que se manifiestan contra el gobierno en un estado de alarma. Se ve cuando la policía tan siquiera los identifica, aunque vayan con una bandera nazi. Se ve cuando unos chavales por una pelea en un bar, siguen encerrados después de más de mil días.

Habrá que esperar a que termine esto, sentarnos a esperar que a esta gente le apetezca ir de caza. Tal vez pasemos de estado de alarma a golpe de estado sin darnos cuenta, tal vez veamos como siguen aumentando los casos de violencia machista o las agresiones al colectivo LGTBI+. No sé, tal vez sea el momento de volver a llenar las calles de mareas de colores, de banderas de colores, de gritos que una panda de matados, no van a poder silenciar.

Qué bonito a veces fantasear con algunas cosas…

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