Altruismo Neoliberal

Escoge una palabra y repítela muchas veces: altruismo, generosidad, libertad, igualdad… y así es cómo al final te acabas creyendo un montón de mierda que suena tan bien. Muchas veces es mejor creer que cuestionarse, pero si echamos un pequeño vistazo a los datos de países como Reino Unido o Canadá (donde la gestación es altruista) vemos que muy pocas mujeres ofrecen su cuerpo como vasija a una persona desconocida, estando el mercado más saturado en zonas donde la pobreza es grande y las mujeres no tienen otra opción. No tienen otra opción como una madre que ejerce para dar de comer a sus hijxs, pero se nos llena la boca gritando en voz alta la buena acción que estamos haciendo ayudando a alguien que lo necesita, como forma de aliviarnos las conciencias.

Sería el primero en estar de acuerdo con la gestación en casos de familiares, amigxs cercanos, donde sí existe el altruismo de decirle a alguien a quien amas que tú harás ese sacrificio. Que en una cena tu mejor amiga, con dos copas de más se siente y te diga, “tíx, yo lo hago por ti. Porque te quiero”. ¿Cómo no estar de acuerdo con eso? Pero no me imagino a la inversa, siendo yo quien le pida a mi amiga, “ten tú a mi hijx”. La cosa es totalmente diferente y el fin es el mismo.

Si tanta necesidad tenemos por legislar este “derecho”, mejor emplear todos nuestros esfuerzos en legislar un mejor sistema de adopciones. Pero ahí falta el mercado y el negocio. Es cuando tenemos que repetir muchas veces la palabra altruismo, para hacer creer a todo el mundo que alguien que no te conoce de nada, va a hacer algo por ti sin recibir nada a cambio. Nada salvo un poquito de dinero.

El fin justifica los medios y eso es una expresión demasiado extendida para que llegue a extinguirse. Para qué pararnos a pensar en historias de jóvenes que son vendidas para que familias blancas adineradas alquilen su cuerpo nueve meses en pisos de gestación, controladas y a disposición de esos padres y madres que compran mujeres por un módico precio. Es más fácil asumir que todas son personas libres y que nadie las obliga a someterse a un embarazo por dinero. Automáticamente blanqueamos una práctica éticamente reprobable asumiendo, por defecto, que muchas de esas mujeres son realmente libres para decidir, que no lo hacen por absoluta necesidad o por obligación. Negando ver una realidad donde están extorsionadas, amenazadas o donde su familia las vende a las mafias, y que las estamos financiando a través de agencias que ponen en nómina a esta gente.

Volvemos a la fase negacional que se instala en nosotrxs cuando hablamos de prostitución, aferrándonos a un pequeño porcentaje que sí que lo hace por placer y porque quiere; como recurrimos a las denuncias falsas cuando ya no sabemos dónde meter el rabo. Es que usar la palabra tráfico de mujeres cuando hablamos de prostitución es algo que nos cuesta rebatir, entonces lo obviamos. Es más sencillo negar una realidad mayoritaria, que empresas y gobiernos nos intentan vender como capitalismo. Pero lo hacen muy bien, hasta el punto de que gente normal que se podría
considerar buena, termina el debate con la típica frase de que “es algo que ha existido siempre” o “no se puede hacer nada para cambiar eso”.

Otra vez más, no se abre el debate porque ellas tengan la necesidad de legislar esa profesión, muchas están ahí porque no tienen otra opción para comer. El debate se abre porque son ellos los que exigen asistencia sexual, del mismo modo que no es un debate que estén abriendo las mujeres en nuestro país, nacido de su necesidad altruista de entregar su cuerpo a terceros, lo hacemos nosotros reclamándolo como un derecho, igual que pedimos el derecho a casarnos.

Como si ser padre o madre fuese un derecho.

Nadie es generoso porque sí, al menos hacia alguien que no conoce. Nadie se plantea explotar su cuerpo a menos que tenga necesidades muy grandes y es competencia del capitalismo y del patriarcado sacar tajada de ello. Con complicidad de todxs nosotrxs, que seguimos mirando para otro lado cada vez que nos llueve encima.

Es absurdo negar que vivimos en un capitalismo salvaje que te permite ser una buena persona, aunque dañes y violes los derechos de otras. Donde está escrita una ley invisible que te protege justificando atrocidades, mientras como sociedad miramos hacia otro lado. En esto somos unxs expertxs. Pero es verdad, el capitalismo lo justifica todo. Se apropia de palabras como la libertad personal o el derecho a decidir, que suena muy bonito cuando lo dices en voz alta, pero que huele un poco mal cuando lees la letra pequeña.

(C) Texto extraído del libro REVOLUTION NOW_ LUCHA Y RESISTENCIA LGTB (La Tija Edicions, Octubre 2019)

(C) “Ética Marica y Madres de Alquiler”. Escrito por Astronautico.

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