Deconstrucción

Retratando el amor romántico con todas sus incoherencias, en base a lo que nos vendieron en los mundos de Disney y las verdades a medias que nos explicaron nuestros padres. Voy a contarte lo que nunca te contaron, que el romanticismo tiene mucho más que ver con la toxicidad que con el amor en sí. Que los dichos y las historias no son más que inventos, que nadie te cambia si no quieres que te cambie, por mucho que revuelva por dentro las entrañas y las extrañezas de las ganas de echar a volar.

Las teorías del todo nunca son absolutas. Las mariposas existen sin ser piedras emocionales con las que tropezar, sin necesidad de ansiedad ni histeria colectiva. Hilando la inteligencia emocional por la punta, entre malabares y trapecios al borde de un precipicio, entre círculos de influencia y órbitas que gravitan siempre a un desastre emocional inminente. Que los amores épicos no son más fábulas imposibles de contrastar, nada es para siempre y todo se termina donde tiene que empezar.

Entre preguntas de monogamia asistida y relaciones estructurales abiertas, todo pierde el sentido si se mira de cerca. Como el día que quisimos hablar de poliamor y nos estalló la cabeza, las relaciones ya no son lo que eran… y menos mal, que así ya no hay quién coño las venda. Que a veces nos queremos pasar de modernas y, como dice Beret, “hay tantos con quién estar, pero no con quién ser”. Si ya nos cuesta la honestidad individual, como para hacerla colectiva.

Con lo que cuesta desnudarse con la ropa puesta, sin añadir público a un espectáculo de variedades. De deconstrucción propia de todo lo que un día no fuimos, con la densidad de las palabras que quedaron en una hoja llena de tachones que no aprendimos a pronunciar y que, sin embargo, no desistimos de intentar escribir.

Que nunca supe ordenar las solicitudes y prioridades de este cuerpo, ni atrapar la esencia de lo que pasa por mi mente cuando estás cerca. Y qué bien que ya haya aprendido a diferenciar las mariposas de los retortijones, que los recuerdos ya no se echan de menos cuando aprendes a perdonar.

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