Todas las Mentiras son de Verdad

No desistí de la idea de tenerte, por muy duros que fueran los golpes, como un atentado suicida contra la dignidad, cada vez más llena de conceptos pero vacía de contenido. Me desarmé ante los encantos de la serpiente más venenosa que pude encontrar, cayendo hipnotizado en mentiras que fueron de verdad. Que hacían poesía bien revuelta de atractivo, que me las tuve que comprar todas, no sé si por inercia o por hacer resistencia en un jardín mustio, al borde de los límites de la emoción y el yo consciente de constructos que voy aprendiendo a deconstruir.

Con los huesos al desnudo cada vez que vuelvo, en verano no hay ropa que vista la ansiedad de este cuerpo por echar a volar. Yo que me dejé las alas atrás, hace mucho tiempo, ahora vuelo con cuidado. No entendí bien las reglas del juego y desaparecieron hasta las ganas de querer volverlo a intentar, con otro sujeto y sobre todo otro predicado diferente, un nuevo concepto de algo que todavía intento analizar. explorando los límites de mis propias reglas. Rompiendo lo que a veces me preguntaba, cuestionando lo que nunca me atreví a preguntar.

Aún mezclo los tiempos verbales en futuro y presente, intentando no pensar en un pasado que siempre vuelve, removiendo las verdades que se nos quedaron grandes. No estuvimos a la altura de las expectativas, seguimos sin rebuscar en las lógicas impuestas y en nuestros privilegios, deconstruyendo nuestras propias barreras. Siempre se vinieron grandes las respuestas, conocerse a uno mismo nunca es bonito, si sabes encontrar las carencias emocionales extrapolando lo que nunca contamos, eso que hace de la mentira algo más fácil que una simple verdad.

Pero ya no confundo términos, no llamo “mariposas en el estómago” a la ansiedad que tengo por las noches, ni me miento cuando pienso que mi animadversión al amor queda sumida por las batallas. Ya no creo que sea por lo lleno que me quedé de ti, si no por autoconocimiento y crítica a un amor preestablecido por una sociedad que ya no se hace preguntas.

Y yo que soy de preguntarme todo el rato, llego a la conclusión de que todas las mentiras tienen algo en común, todas ocultan una verdad. Nadie se libra de ellas. Porque es mucho más fácil mentir (te) que (re) conocer una mentira, lo que la impulsa. Hurgando en tu yo más primitivo, como seres emocionales sin ningún tipo de educación emocional, dejando cadáveres sentimentales que muchas veces no renacen, por desconocimiento de uno mismo o autoengaño. De no aprender a conocernos, a leer en lo que hacemos y lo que no podemos hacer, por desconocimiento u omisión, lo que llevamos escrito por dentro.

Que es entonces cuando nos encontramos en las mentiras, las que fueron de verdad y que siempre nos contaron. A veces es solo un pequeño gesto, tener un detalle contigo mismo y aprender a quererte. Que ninguna tara es para tanto, que todo es hablarlo en voz alta y asumir sin juzgarte, que da igual si no hay nadie que te quiera para toda la vida. Quiérete tú, como concepto, como argumento de peso a un alto porcentaje de satisfacción. Rescátate de la ignorancia de no cuidar el propio cuerpo, empezando por despojarnos de cualquiera que no nos haga bien.

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