Paraísos Artificiales

Entré por la puerta grande, cegada por las luces de neón y los láseres que danzaban al ritmo de una música imposible de bailar. La pista estaba llena de un humo de colores transparentes de los que te hacen reír. Aquí todo el mundo es de risa fácil y de moverse como patos mareados en una barra americana, con el ansia por la carne fresca de una niña como yo en un mundo de adultos.

Ser princesa guerrera en un planeta de hombres es complicado, sin poder llamar la atención. Con la máscara que ocultaba mi rostro oculta en la mochila, teniendo que aguantar miradas lascivas y comentarios que me incitan a empezar una masacre de quien se atreve a pronunciarlos sin sentir vergüenza. Pero aquí no soy una princesa guerrera y si me pongo a cortar lenguas, la gente comenzaría a sospechar.

Me camuflo entre ellos como puedo, con mis lentes oscuras cubre pupilas. Me abro paso como puedo hasta el fondo del sitio, donde la gente se amontona en dos grandes filas que no están bailando: una es para que les llenen el vaso y la otra… un misterio que quiero resolver.

Me puse a la cola de la fila misteriosa, viendo cómo la gente pasaba en grupos, a través de una puerta que cada vez me llamaba más la atención. Detrás de mí, una chica sin gafas con la mirada perdida, choca conmigo y suelta una mueca que se parece mucho a una sonrisa. Me ofrece de su vaso y yo mojo mis labios en él para refrescar un poco la boca. Me sienta tan bien que sin darme cuenta termino todo el líquido, aunque a ella no parece importarle. Estoy convencida de que ni siquiera se ha dado cuenta.

Quedamos las primeras en la fila y detrás de nosotras la gente sigue llegando. La puerta se abre y cuatro personas salen de ella con los ojos húmedos y un rastro de humo color rosa a sus espaldas. La chica me agarra de la mano y cruzamos juntas la puerta.

Me quito mis gafas y ella rebusca algo en el interior de su sujetador. A través del espejo nos miramos fijamente mientras me vuelve a intentar sonreír, esta vez con más acierto. Yo le devuelvo la sonrisa. Empieza el baile de humo de colores… a nosotras nos toca el morado… aunque para morado, nos llega con el que salimos de allí.

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