El condón perdido

No recuerdo el día exacto. Puede que fuese un viernes o quizás un sábado, no estoy del todo seguro. Sólo sé que todo lo que debía haber pasado en otro tiempo (o tal vez no) pasó esa noche.

Fue muy simple. Sólo éramos tú y yo al ritmo de una canción que ahora no me viene a la memoria. Mi corazón latía con fuerza o puede que fuese el tuyo. No estaba nervioso, ¿cómo iba a estarlo? Todo era ya más que evidente.

Y entonces la música dejó de sonar. No porque el tiempo se hubiese detenido ni por cursiladas varias, simplemente paró. Y nos quedamos en silencio. Sólo el ruido de nuestros labios, de nuestros cuerpos agitándose lentamente en el sofá.

Pensé en las casualidades. ¿Era esto casual? ¿No había pasado nunca por mi cabeza dejarlo todo para estar contigo?

(Tiempo de respuesta…)

A veces las preguntas se quedan sin contestar. Puede que no haya respuestas, o puede que ésta sea más que evidente. La que todos parecen saber antes siquiera de hacer la pregunta.

Y mientras tanto buscamos condones perdidos entre las sábanas, o entre la ropa que tiramos al suelo. Porque el ser una respuesta evidente ante los ojos de los demás no nos hace diferentes, sólo alarga el tiempo de respuesta.

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