Almas Abstractas

Confuso. ¿De qué sirve? No sé si pienso, si siento, si siente o si me abstraigo. Si se acuerda de esa noche, en la que me desnudé ante él. No de cuerpo, sino de alma. Esa noche, nuestra noche. En esta cama, pero rodeado por sus brazos, por sus besos.

Sus besos. Dulces, suaves, cálidos, sinceros. Sus besos. ¿Pensará también en mis besos? Me puede saber si volveré a escuchar de sus labios. Esas palabras.

Palabras que sirvieron para devolver la sonrisa de un rostro pálido aquella noche de verano. Me quiere. O me quería. Yo aún le quiero. De una forma extraña. Con algo dentro que ni yo entiendo. No entiendo porqué mi cama sigue estando vacía y nadie la llena. Aunque me desnude de cuerpo. Porque el alma…

El alma. Mi alma está con una sonrisa en medio del caos. A salvo del dolor. Desordenada en una cama en la que él sigue estando. Le siento. Cerca. Latiendo. Acariciando…

Confuso. Perdido. Como nunca. ¿Es bueno sentir? ¿Es bueno añorar?

Sus besos. Sus abrazos. Su voz ordenándolo todo para volverlo a desordenar. Duele pensar. Hiere más no sentir. Y yo pienso… Siento. Aunque duela. El amor.

Amor. En suspenso, en negación, en afirmación, en interrogación, en pretérito pluscuamperfecto. En abstracto. Como el alma. Aunque no le vea. Aunque mi cama esté vacía. Sé que le tengo. Sabe que me tiene. Sabe que le quiero.

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