Esperándole

Pasaban unos minutos de las diez de la mañana cuando abrí la ventana y observé el cielo. A pesar de lo gris que se veía, no cambiaría por nada del mundo esa imagen. Al contrario de lo que todo el mundo piensa, el cielo cubierto por nubes no invita a la tristeza, más bien a la melancolía, a la añoranza… y hoy me sentía así.

Melancólico, algo apagado… pero no estaba triste. Los momentos llegan cuando tienen que llegar. Y aunque hacía ya tiempo que no vivía un momento, algo me decía que no quedaba mucho para que llegase.

Cayó la noche, lo más bello que el ser humano ha podido y podrá ver en toda su vida. Ver cómo el sol se oculta por el horizonte y, poco a poco, la luna va haciendo su aparición. Invitando a los solitarios a contemplarla, dejando que los niños sueñen con alcanzarla algún día, haciendo que los amantes se amen un poco más.

Sin embargo yo seguía solo observando la luna. Soñando con que algún día apareciese alguien y, quizá, dejar de mirarla solo. Pero igual que todo pasa por algún motivo, las cosas llegan cuando tienen que llegar. Y, aunque a veces me cueste creer en el destino, hay momentos en los que te tienes que aferrar a un simple dicho para poder seguir caminando tranquilo por el camino.

Así que camino tranquilo, esperando algo que no sé si algún día va a llegar.

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