Naturaleza Humana

Estábamos sentados mientras los dos mirábamos al vacío. Ambos contemplados nuestras vidas, viendo cómo pasaban lentamente frente a nuestros ojos, sin poder hacer nada. Creo que entonces fue cuando nuestras miradas conectaron y nuestras vidas decidieron que sería correcto coger por el mismo camino.

Y empezamos a caminar. Dando pasos a tientas en un terreno con arenas movedizas, a tientas sin saber lo que hacer, lo que decir. Y como en todos los caminos oscuros, siempre te caes.

Y caímos. Caímos una y otra vez tropezando en la misma piedra. Piedra que más tarde volvió a ser nuestro punto de encuentro.

Y entonces las luces empezaron a verse al fondo del camino. Creímos llegar al final, pero esta vez cruzamos un mar y nos quedamos anclados en el medio.

Donde se rompen las palabras, donde las miradas no existen, donde se separan los caminos.
El tiempo se estaba acabando, el barco se hundía… Sin saber qué hacer, sin saber que pensar. Los dos perdidos de nuevo, con la oscuridad y el océano ante nosotros.

¿Saltamos? Saltamos, juntos. Para no perdernos, para no quedarnos solos. Para seguir buscando el final, para encontrar ese final en el que no existirá la oscuridad.

Porque aunque estemos separados, siempre tendrás esa parte de mí que nunca había tenido nadie.

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