Animales Despeinados

Estaba perdida y sé que no es posible perderte aquí, pero llevaba horas dando vueltas como una loca y ya he visto tres veces cómo se ponía el sol y cómo volvía a salir en cuanto me descuidaba. Este mundo es de locos, las señales son confusas y los minutos muy cortos. Si no me encuentro es porque no estoy perdida, entonces, si no estoy perdida, ¿por qué no sé dónde estoy?

Di tres vueltas sobre la señal que indicaba los caminos para cambiar el rumbo y aparecer en otro lugar. Vine aquí en busca de algo y no puedo alejarme del camino. Pero cómo voy a saber si me estoy alejando si no sé dónde me he metido.

Volví a mirar las flechas de la señal y otra vez cosas sin sentido. “Técnicas de escapismo” no podía ser porque yo no quería escapar a ninguna parte, quería encontrarme. “Billetes comestibles”. ¿Ahora también tenemos que comer dinero? Con todos esos gérmenes patogénicos y restos de purpurina, no gracias. tampoco necesitaba dinero.

Entonces no tenía otra opción que seguir la flecha que decía “animales despeinados”. La verdad es que entre escaparme y comer monedas de cobre prefiero ver los animales despeinados, seguro que son graciosos.

Me puse a caminar pensando en la princesa guerrera y sus instrucciones tan poco instructivas. Estoy entrando en zona de humanos y ella nunca ha estado aquí. cómo no voy a estar perdida si voy en busca de algo que no sé lo que es.

Una voz me distrajo de mis pensamientos y por poco me caigo de espaldas del susto. me volví hacia un lado y al otro pero no había nadie. Otra vez esa voz volvió a llamarme. Juraría que venía de arriba. Subí la vista y ahí estaba, en la rama de un árbol, el pájaro más raro que había visto en mi corta-barra-larga vida.

-¿Qué estás buscando?
-¿Me hablas a mí? – pregunté incrédula de oír hablar a un pájaro naranja con mirada de chalado y pelos de tormenta – No sabía que los pájaros podíais hablar.
-Los humanos y su ignorancia – espetó el pájaro – No tiene límites, como este bosque.

No disimulé mi cara de enfado. Un pájaro loco me acababa de llamar ignorante sin conocerme de nada.

-No te ofendas, niña. Los humanos sois ignorantes y los pájaros salvajes no tenemos la culpa.
-Pues los pájaros salvajes sois muy maleducados. Y los humanos tampoco tenemos la culpa.

El pájaro voló a mi lado y se posó en el suelo. Parecía más pequeño allá en lo alto y de cerca sus ojos irradiaban locura y conocimiento a partes iguales. Me miró con interés girando a mi alrededor, como quien ve por primera vez algo con mucho interés.

-Creo que me he perdido.
-Nadie se pierde aquí, ¿no te lo habían dicho? Si crees que te has perdido y estás aquí es porque no te has perdido – señaló él sin dejar de dar vueltas a mi alrededor – Supongo que has venido a por respuestas, pero para darte dos respuestas necesito algo a cambio.

El pájaro por fin empezó a hablar claro. Yo necesitaba respuestas, ¿pero qué necesitaba él?

-¿Hay trato o no hay trato?

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